Amores platónicos
San Valentín es uno de esos días en los que se lleva a cabo la celebración de algo que no merece ocupar una fecha señalada en nuestro calendario… digo esto porque, humildemente, pienso que la celebración de un sentimiento es algo tan sagrado que no merece vestirse de frivolidad, obligándonos a comprar una caja de bombones y un ramo de flores para demostrar cariño y afecto hacia otra persona… (Casi debiera estar prohibido regalar nada el día de los enamorados, por atentar contra los detalles espontáneos y el romanticismo en general).
Por otro lado, es comprensible que deseemos apartar en nuestras vidas, siquiera 24 horas al año para dedicarlas a algo tan “febril” como el amor.
Bueno, amor, amor… ¿Qué es el amor? Woody Allen, tratando de dar respuesta a esta pregunta, dijo en una ocasión que el amor es una amistad con momentos eróticos y, tal vez esa sea la forma más “civilizada” de verlo… pero el amor no es algo civilizado, sino algo visceral. De hecho, cuando alguien sufre “mal de amores”, esto no suele producirle al individuo una grave cefalea sino un agudo pinchazo en el estómago, por ello pienso que el amor debe ser visceral, pasional, no mental.
Pese a todo, hay quien civiliza el amor, de hecho (para qué engañarnos), todos lo hacemos. En una ocasión, me sorprendió un documental al afirmar que si la pasión de los primeros momentos de una relación se transmuta en lo que Allen llama “amistad con momentos eróticos” es, simple y llanamente, porque de no ser así acabaríamos exhaustos, seríamos incapaces de centrarnos en los demás aspectos de nuestra vida y estaríamos indefensos y desprotegidos ante el mundo que nos rodea… por suerte o por desgracia, la naturaleza es demasiado sabia.
Aunque si lo que se pretende es hablar de amores perjudiciales para la salud, puede ser oportuno traer a colación el ejemplo del amor platónico. Platón, en su afán de fastidiar al prójimo y de idealizarlo todo, habló del amor en sus escritos, no como “algo” bello y bueno, sino como sed de belleza y bondad… sed, deseo, ansia, buscar y anhelar en el amor lo que puede que no haya… vamos, una idealización del amor.
Cuando alguien padece un amor platónico (y digo padece porque el platónico tiene bastante de mórbido y de enfermo), idealiza todo lo que rodea a la persona amada, idealiza las situaciones, idealiza las sensaciones que experimenta, idealiza cada palabra y cada gesto promovido o pronunciado por la persona amada, como si todo tuviera la suficiente relevancia como para grabarse en mármol… Cada situación se hace digna de ser enmarcada y colgada de la pared con una alcayata.
Es un amor que obsesiona, que doblega, que te permite sentir como si alguien te estuviera vaciando el intestino a cucharadas… ¿Lo malo? Que no hay cura. Sólo el tiempo reorganiza cada neurona en su lugar adecuado y nos desvela una gran verdad: que nadie es perfecto. ¿Mi recomendación? Que dejen de perder el tiempo leyendo este artículo, tan sólo unos pocos dementes enamorados al estilo de Romeo y Julieta perdieron el tiempo (y algo más) por el más profundo de los sentimientos. 
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