Vuelvo a ver a mi ex jefe después de un año
Tan pronto como me vi dentro de la tienda vino a mí un aroma harto conocido, tal y como resultaría un encontronazo con un conocido con el que alguna vez entablaste una relación sin llegar a conectar del todo.No tardé en identificar su rostro entre los de los clientes: inquieto, nervioso, exasperante… como siempre.Lo vi reinar una vez más detrás de su emporio, soportando sobre él todo el peso del mundo (o al menos de su mundo).
Su negocio es el espacio por el que se permite tejer su tela de araña, de la que no permite que se escape un detalle o un mal movimiento de sus victimas particulares: clientes y trabajadores. Lo supervisa todo, lo ve todo, lo sabe todo… Siempre me estresó su manera de vivir al mismo tiempo que originaba en mí una extraña idolatría… una insensata admiración… ¿Cómo podría admirar a una persona cuya única preocupación, así como satisfacción en la vida es el bienestar de su negocio?
Varios de mis antiguos compañeros de trabajo (quizá con los que menos amistad trabé) vacilan antes de saludarme o incluso no saludan. Veo en sus caras la misma sensación de amargura que experimentaba yo al estar en su puesto, diez horas al día, seis días a la semana.
Mi ex jefe se me acerca y estrechándome la mano, me pregunta por pura cortesía:-¿Cómo estás?-
Yo, viendo esa realidad por primera vez desde “el otro lado del telón de acero” y siendo consciente de que no volveré allí jamás, pienso para mí y respondo en voz alta:
-Bien, bastante bien…-

Autoría de la foto: Nicolás Bietti.
http://www.flickr.com/photos/nicolasbietti/1232758295/
Post dedicado con cariño a Manolo y Jesús, cuya forma de sobrellevar el trabajo sí que es digna de admiración…






